Existe una percepción errónea sobre el coste real de la Inteligencia Artificial. La tarifa plana de 20 euros mensuales que muchos usuarios pagan por servicios como ChatGPT o Claude es, según los expertos, una ficción insostenible a largo plazo.

El uso de la IA está fuertemente subsidiado por inversores, de forma similar a los primeros años de internet, cuando todo parecía gratuito hasta que las empresas necesitaron ser rentables.

El coste de procesamiento real, especialmente para los usuarios más intensivos o para la generación de vídeo, como en el caso de Sora, es altísimo.

Mantener agentes de IA que realicen tareas complejas en el ordenador de un usuario puede costar miles de dólares en tokens, muy por encima de lo que cubre cualquier suscripción estándar.

El pivot del modelo de negocio, ¿en las próximas semanas?

Por esta razón, las grandes tecnológicas están pivotando su modelo de negocio: el foco ya no está tanto en la generación de imágenes o vídeos recreativos, sino en el desarrollo de agentes capaces de reemplazar o potenciar funciones humanas rutinarias.

Este cambio de paradigma traerá consigo diferentes niveles de acceso a la IA. Existirá una versión básica para búsquedas y consultas similar al Google actual, y otra mucho más cara y especializada para tareas de productividad y automatización mediante agentes.

La dependencia de estas herramientas ya es visible: hay usuarios que trasladan su trabajo a los fines de semana para aprovechar los momentos en que los servidores están menos saturados y ofrecen mejor rendimiento.

Frente a la volatilidad, cautela

Ante esta volatilidad, la recomendación para las empresas es la cautela. No es el momento de depender por completo de los agentes de IA ni de prescindir del equipo humano de forma precipitada.

El ecosistema es extraordinariamente dinámico: lo que hoy parece una regla establecida puede quedar obsoleto en apenas seis meses.

La IA es una herramienta poderosa para comparar datos, investigar o automatizar procesos repetitivos, pero su coste real terminará por segmentar el mercado, alejándolo de la gratuidad masiva que hemos conocido hasta ahora.

Escrito por Verónica Furlan